—Puedo hacer bien el trabajo… así que, por favor… ¿puedo quedarme a vivir aquí?
Una chica a la que Taesin había ayudado en sus días como detective apareció de repente frente a él, con la excusa de devolverle el favor que le debía. Desesperada, lloraba y se aferraba a él, insistiendo en que se encargaría de todas las tareas del hogar.
Intentando asustarla para que se fuera, Taesin respondió con frialdad:
—No necesito a una mujer que haga la limpieza. Solo hay una cosa que quiero de ella.
—¿Y qué es?
—Una mujer que esté dispuesta a entregarse a mí. ¿Aun así quieres quedarte después de saberlo?
Pensó que con eso bastaría para que entendiera y se marchara, pero su respuesta fue totalmente distinta a lo que esperaba.
—Y-yo puedo hacerlo. Haré lo que usted diga, detective.
—Song Yeonhee, si de verdad estás tan desesperada por quedarte, entonces quítate la ropa aquí mismo, ahora.
Y así fue como Taesin terminó viviendo con la “ama de casa” perfecta.