Knox Rainerio rechazó cruelmente al muchacho que lo amaba —Khalid— para protegerlo. Pero años después, ese muchacho reaparece ante él ya adulto, bajo el nombre de Via, y se encuentra al lado del Segundo Príncipe. Y en su mano… la cabeza cercenada del Príncipe Heredero.
El Segundo Príncipe, ahora convertido en Emperador, recompensa a Khalid Via —quien le entregó la cabeza del traidor que antaño fue el Príncipe Heredero— ofreciéndole a Knox Rainerio como obsequio.
«A partir de hoy, es tu deber».
Al liberar la garganta de Knox, Khalid endereza la espalda y desata su túnica. Knox por fin exhala el aire que contenía y alza la mirada hacia el hombre que se cierne sobre él.
Desde los hombros descubiertos hacia abajo, el cuerpo de Khalid está cubierto de cicatrices: una complexión sólida, brazos fuertes, una cintura firme…
El chico que una vez lo amó se ha convertido en un hombre, y ahora ese hombre se excita sobre él, que ha caído tan bajo como para convertirse en esclavo.
Instintivamente, Knox intenta resistirse, aferrándose a las sábanas bajo su cuerpo. Pero una mano poderosa vuelve a presionar su hombro con fuerza.
Knox balbucea: «No… esto no es… no es justo…».
Al oír esas palabras, Khalid suelta su hombro… solo para tomar un puñado de su cabello y echarle la cabeza hacia atrás.
«¿Qué es exactamente lo que no es justo?»
Su voz es baja, casi un susurro.
«Por eso te traje aquí».