Laura enfrentaba dificultades económicas debido a sus padres tacaños y a sus cuatro hermanos menores. Sus preocupaciones aumentaron cuando un tifón se llevó el techo de su vieja mansión. Sin embargo, su suerte pareció cambiar cuando se enteró de que en la mansión del duque estaban contratando personal.
El duque, dueño de la mansión, era un hombre elegante que parecía tener tendencias obsesivo-compulsivas. También era bastante atractivo, aunque las ojeras bajo sus ojos daban la impresión de un cansancio extremo… ¿Eh? Disculpe…
¡Parece que hay un fantasma detrás de usted!
La Mansión Covozhalden era conocida por estar embrujada, pero la oferta de trabajo era demasiado buena para rechazarla. A pesar del miedo, Laura decidió aceptar el empleo para mejorar su vida.
Así comenzó a trabajar allí, corriendo cada noche para ayudar a los distintos fantasmas que encontraba a cruzar al más allá: la pequeña niña que corría por los pasillos, el cuadro que no dejaba de inclinarse, y muchos más.
Ella era la única que podía ver a los fantasmas, junto con el duque, quien también se esforzaba por ayudarlos a encontrar la paz.