Ga-hyun trabaja en el departamento de recursos humanos de una gran corporación, donde su función principal es formar a los nuevos empleados y becarios. Al tratarse de una empresa global que se enorgullece de ser líder en su sector, Ga-hyun tiene la responsabilidad de preparar y moldear a estos novatos para que se conviertan en profesionales cualificados.
El problema es que ella no conoce los estándares, valores ni habilidades que el presidente utiliza para seleccionar a los empleados. Su comportamiento peculiar —sumado al hecho de que entrevista personalmente a cada candidato— suele dejar a Ga-hyun lidiando con reclutas únicos y, en muchas ocasiones, simplemente frustrantes.
Aun así, Ga-hyun es una profesional impecable. Sin importar el tipo de novatos que reciba para entrenar, siempre es capaz de convertirlos en empleados que encajen con la imagen de la empresa. De hecho, su mayor recompensa ha sido ver a los aprendices que formó prosperar, ascender y crecer dentro de la compañía, algo que siempre le llenó de orgullo.
Sin embargo, la verdadera recompensa llega en el momento en que esos ingenuos aprendices se dan cuenta de que ella no es solo una supervisora… sino también una mujer.